Historia de la ruleta

Es casi imposible hoy en día ir a un casino y no encontrarnos una ruleta, incluso en las salas de juego más pequeñas hay casi siempre ruletas electrónicas que imitan a la perfección el sistema de las ruletas convencionales, pero sin un crupier que las maneje. Pueden haberse convertido fácilmente en uno de los juegos de casino más comunes del mundo, y presume además de ser uno de los juegos preferidos de aquellas personas que acaban de llegar al mundo del juego y buscan algo simple y divertido. Hay muchas teorías sobre su creación pero algunas de ellas parecen ciertas.

La palabra ruleta tiene un origen claro, significa “rueda pequeña” y viene del francés, de la palabra “roulette”. Las leyendas dicen que un tal François Blanc hizo un pacto con el Diablo para conseguir una combinación tan perfecta como la que tiene la ruleta de los casinos, y prueba de ello sería que al sumar todos los números de esta, el resultado es un escalofriante 666, seiscientos sesenta y seis, número relacionado desde siempre con el Diablo.

Los resultados de la ruleta han sido demoniacos efectivamente para muchos jugadores que han perdido fortunas en ellas, pero no parece hacer daño de forma directa por lo que no debemos tener miedo. Otra teoría bastante más probable sería que un físico bastante famoso por sus teorías sobre las leyes de las presiones la inventada allá por el siglo diecisiete. Este científico era Blaise Pascal, su obsesión por los sistemas equilibrados hizo que le diera vueltas a la ruleta (nunca mejor dicho) hasta colocar los números de forma que se dieran un montón de casualidades y que nadie pusiera en duda la calidad de su orden durante los cuatro siglos siguientes.

Por otra parte la historia de la ruleta parece irrelevante, a la gente le gusta jugar independientemente de que parezca un producto ideado por el Diablo, que sea algo con un equilibrio perfecto, o que poco tiempo después de llegar a esta perfección los casinos decidieran ponerle un cero para hacer que tuvieran la posibilidad estadística de ganar a la larga, al contrario que con la primera ruleta que daba unos pagos equivalentes a las probabilidades de que los números salieran, por lo que mantenían a la larga las estadísticas a favor tanto de la banca como del usuario, lo que no era rentable para el casino.

 

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